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26
Octubre
Occidentes

A días del Bicentenario, los Pueblos Originarios, están llegando a Buenos Aires

Pueblos Originarios en La Quiaca


En la ciudad de La Quiaca, en la frontera norte, a 3.500 metros sobre el nivel del mar en el primer día de la marcha, sucedió algo extraordinario: por primera vez en mucho tiempo y, quizás, por primera vez institucionalmente, los pueblos guaraníes de las yungas se reunieron con Omaguacas y otros de la puna y la Quebrada de Humahuaca, genéricamente conocidos como coyas.

El motivo, una acción trascendente: marchar a Buenos Aires, en el marco del Bicentenario para pedir a la Presidenta un reconocimiento de pleno derecho a las comunidades originarias por parte del Estado Argentino, además de la protección a la Madre Tierra violentada por la contaminación ambiental.

Referentes locales puneños de lugares como Tafna (provincia de Jujuy) y Nazareno (provincia de Salta), se abrazaban con los coyas de Maimará o Tilcara y los guaraníes del Talar, Libertador General San Martín o San Pedro. Poco después En la ciudad de La Quiaca, en la frontera norte, a 3.500 metros sobre el nivel del mar en el primer día de la marcha, sucedió algo extraordinario: por primera vez en mucho tiempo y, quizás, por primera vez institucionalmente, los pueblos guaraníes de las yungas se reunieron con Omaguacas y otros de la puna y la Quebrada de Humahuaca, genéricamente conocidos como coyas.

El motivo, una acción trascendente: marchar a Buenos Aires, en el marco del Bicentenario para pedir a la Presidenta un reconocimiento de pleno derecho a las comunidades originarias por parte del Estado Argentino, además de la protección a la Madre Tierra violentada por la contaminación ambiental.

Referentes locales puneños de lugares como Tafna (provincia de Jujuy) y Nazareno (provincia de Salta), se abrazaban con los coyas de Maimará o Tilcara y los guaraníes del Talar, Libertador General San Martín o San Pedro. Poco después partieron hacia la capital de Jujuy. Allí, ya entrada la nochecita, fueron recibidos en el Parque San Martín con aplausos, vivas y bombas de estruendo, y se encolumnaron en una impresionante movilización por las calles de esa ciudad, hasta Plaza Belgrano, donde se había levantado un palco frente a la casa de gobierno, en la esquina de San Martín y Gorriti.
Hacia el mediodía del 13 de mayo, en la misma plaza y en el mismo lugar en la cual hubo una ceremonia la noche anterior, los referentes de cada una de las comunidades formaron un círculo sagrado y, dentro de él prepararon un altar para ofrendas. Los Coyas extrajeron de su estuche una larga pipa para compartir solidariamente, el humo del tabaco.

En el altar -un sencillo mantel extendido sobre el piso-, cada uno de los hermanos ofrecía un presente a para que la marcha tuviera un resultado exitoso. Flores blancas, dijes, tabletitas con formas de distintos objetos útiles e imprescindibles, caramelos y hojitas de coca, eran colocados sobre el altar. Finalmente, el mantel con las ofrendas fue puesto sobre la parte superior de una pequeña pirámide de leña, de cono truncado, a la cual le prendieron fuego para honrar a la pacha. Cuando el "abuelo fuego" se extinguió y la pipa ritual dejo de echar humo, se escucharon un "Jallalla" y un "Yasurupay" vibrantes de agradecimiento. Y todos comenzaron a danzar de alegría.

Luego todos subieron a los colectivos prestos para viajar a la provincia de Salta en busca de los hermanos de los pueblos de otras regiones.

La entrada a la ciudad de Salta, no fue fácil. Apenas ingresada en el Parque San Martín, la caravana fue rodeada por la guardia de infantería de la policía de la provincia de Salta en actitud tensa y amenazante. Inmediatamente, Milagro se puso al frente y comenzó a negociar con los funcionarios provinciales. Finalmente, los hombres del gobierno aflojaron, cuando la dirigente, frente a las cámaras de televisión les espetó: "no entendemos porque, en democracia, un grupo de hermanos indígenas argentinos no puede entrar caminando a la ciudad de Salta...".

Entraron, caminaron y fueron aplaudidos por el pueblo, los ciudadanos comunes, corrientes, que están más allá de los prejuicios, las especulaciones políticas o los intereses económicos del sector dominante y discriminador. No solo eso; la determinación de Milagro culminó con un recibimiento a toda orquesta de los tupaqueros y las comunidades originarias de Salta con la ceremonia y los sahumerios correspondientes en el corazón del conservadurismo del norte argentino.

Después partieron hacia la capital de Jujuy. Allí, ya entrada la nochecita, fueron recibidos en el Parque San Martín con aplausos, vivas y bombas de estruendo, y se encolumnaron en una impresionante movilización por las calles de esa ciudad, hasta Plaza Belgrano, donde se había levantado un palco frente a la casa de gobierno, en la esquina de San Martín y Gorriti.

Hacia el mediodía del 13 de mayo, en la misma plaza y en el mismo lugar en la cual hubo una ceremonia la noche anterior, los referentes de cada una de las comunidades formaron un círculo sagrado y, dentro de él prepararon un altar para ofrendas. Los Coyas extrajeron de su estuche una larga pipa para compartir solidariamente, el humo del tabaco.

En el altar -un sencillo mantel extendido sobre el piso-, cada uno de los hermanos ofrecía un presente a para que la marcha tuviera un resultado exitoso. Flores blancas, dijes, tabletitas con formas de distintos objetos útiles e imprescindibles, caramelos y hojitas de coca, eran colocados sobre el altar. Finalmente, el mantel con las ofrendas fue puesto sobre la parte superior de una pequeña pirámide de leña, de cono truncado, a la cual le prendieron fuego para honrar a la pacha. Cuando el "abuelo fuego" se extinguió y la pipa ritual dejo de echar humo, se escucharon un "Jallalla" y un "Yasurupay" vibrantes de agradecimiento. Y todos comenzaron a bailar de alegría.

Luego todos subieron a los colectivos prestos para viajar a la provincia de Salta en busca de los hermanos de los pueblos de otras regiones.

La entrada a la ciudad de Salta, no fue fácil. Apenas ingresada en el Parque San Martín, la caravana fue rodeada por la guardia de infantería de la policía de la provincia de Salta en actitud tensa y amenazante. Inmediatamente, Milagro se puso al frente y comenzó a negociar con los funcionarios provinciales. Finalmente, los hombres del gobierno aflojaron, cuando la dirigente, frente a las cámaras de televisión les espetó: "no entendemos porque, en democracia, un grupo de hermanos indígenas argentinos no puede entrar caminando a la ciudad de Salta...".

Entraron, caminaron y fueron aplaudidos por el pueblo los ciudadanos comunes, que están más allá de los prejuicios, las especulaciones políticas o los intereses económicos del sector dominante y discriminador. No solo eso; la determinación de Milagro culminó con un recibimiento a toda orquesta de los tupaqueros y las comunidades originarias de Salta con la ceremonia y los sahumerios correspondientes en el corazón del conservadurismo del norte argentino.

 

Fuente: Mapuexpress

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