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Cultivó con gran éxito el género policial

Falleció a los 97 años la escritora y traductora María Angélica Bosco


Representante de uno de los momentos más fecundos de la literatura argentina contemporánea, la escritora y traductora María Angélica Bosco falleció ayer en Buenos Aires, a los 97 años. Hoy por la mañana, sus restos recibirán sepultura en el Cementerio Alemán de Pablo Nogués.

Había nacido en esta ciudad el 23 de agosto de 1909, y publicó su primer libro de cuentos, El corazón de la princesa, en 1934, pero sus primeros éxitos literarios se desarrollaron en el campo de la novela policial con La muerte baja en el ascensor -elegida por Borges y Bioy Casares para la colección Séptimo Círculo y ganadora en 1954 del Premio Emecé-, a la que siguieron La muerte soborna a Pandor (1956, en la colección Club del Crimen, de Fabril Editora), La trampa (1960, Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores -SADE- y Tercer Premio Municipal), y a la que volvió en sus últimos libros, como En la estela de un secuestro (1977), Muerte en la costa del río (1979) y La muerte vino de afuera (1985, Primer Premio Municipal).
Aunque para colegas y lectores siempre fue la Agatha Christie argentina (comparación que rechazaba porque "mi modelo era Vera Caspary"), con la novela El comedor de diario (1963, Premio del Consejo del Escritor) sobre la historia de una familia de clase media argentina, entre 1920 y 1955, demostró su capacidad para la reconstrucción histórica de un particular período en la vida del país y para su interpretación. Estas condiciones volverían a sobresalir en otros libros: ¿Dónde está el cordero? (1965); La Negra Vélez y su Angel (1969), Carta abierta a Judas (1971) o El sótano (1986).
Se destacó también como traductora de, entre otros autores, Emile Zola, Gustave Flaubert e Italo Calvino, y su traducción de Le bateau ivre ("Barco ebrio"), de Rimbaud, fue elegida por la Dirección Nacional de Cultura para la Antología del Poema Traducido de Ediciones Culturales Argentinas (ECA).
Con Borges y los otros (1967), Bosco no sólo incursionó en el ensayo, sino que lo hizo con brillo singular. Efectivamente, en un momento en que no era la biografía de un escritor local un género tan popular como en estos días, ella consiguió transmitir un retrato vital y profundo de ese Borges que muy pronto iba a convertirse en un mito. Pero en esta obra, Borges, su madre y sus amigos aparecen completamente reconocibles todos a través de sus distintos testimonios, gracias a la lucidez, el conocimiento, el afecto y el humor con que Bosco encaró la tarea.
Entre otras actividades, también fue secretaria de la SADE de 1965 a 1969, condujo el ciclo Radiografía de un best seller en Radio Nacional, de 1963 a 1971, y colaboró con frecuencia en los suplementos literarios de los diarios LA NACION, La Prensa y Clarín, además de ser jurado en numerosos concursos de cuento y novela.
Con María Angélica Bosco desaparece una figura entrañable de nuestra cultura. Con su amigo Marco Denevi compartió las preferencias literarias por el género policial; con su amiga Elvira Orpheé, haber sido ganadoras del concurso de las escritoras mejor vestidas de Buenos Aires. Junto a Martha Lynch, Silvina Bullrich, Beatriz Guido y María Esther de Miguel, formó parte por muchos años de la primera plana de la literatura argentina escrita por mujeres y abrió camino a las generaciones venideras.

Graciela Melgarejo

Fuente: La Nación

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