Domingo
23
Febrero
Occidentes

Con numeroso público Mónica Maud presentó su primer libro de cuentos en la capital de Santiago del Estero con un panel compuesto por Raúl Jorge Lima, Hugo Campos y Guillermo Dargoltz, tres intelectuales reconocidos por su trayectoria cultural.

Mónica Maud: ''Yo sacrílega'' generó gran revuelo en Argentina


La profesora Mónica Maud es una prestigiosa representante de nuestro mundo cultural. Entre otras actividades relacionadas con su título de profesora de Literatura, Castellano y Latín, tiene a su cargo el suplemento Cultural y Educativo del "Nuevo Diario", un suplemento que, merced a su dedicación y a su atinada dirección, se ha convertido en un clásico en nuestro medio. Un suplemento en el que Mónica, domingo a domingo, facilita al público lector el encuentro con los grandes clásicos de la literatura universal. Y también, con generosidad extrema, brinda espacio a los escritores locales, incluso a los jóvenes escritores que hacen sus primeras armas en el género. Ello sin contar con los enjundiosos artículos de crítica literaria por ella firmados. Esto solo bastaría para reconocer en Mónica la calidad mencionada: una prestigiosa representante de nuestro mundo cultural.

Pero a Mónica todo esto no le ha bastado. Desde hace varios años, he tenido oportunidad de leer sus cuentos y algunas de sus poesías, que figuran en varias antologías. Hoy asistimos a la presentación de su primer libro de cuentos: "Yo, sacrílega".
He leído estos cuentos con deleite. A algunos de ellos, premiados en distintos concursos de narrativa, ya los conocía. A otros, recién he tenido oportunidad de leerlos, al conferirme el honor de ser uno de los presentadores de este libro.

Ahora bien, ¿Qué características tienen los cuentos de Mónica?
Lo primero que debemos anotar es que son de un estilo inconfundible. Quien ha leído los cuentos de Mónica, podría leer otro firmado con seudónimo y descubriría, sin tardanza, a su autora. Gran mérito es obtener un estilo propio. Lograr "el tono personal", ese algo, inefable, que lo distingue de cualquier otro autor. Esto no es fácil de lograr y hay muchos escritores que jamás lo consiguen. Debemos congratularnos porque la autora haya obtenido, ya, tan importante logro.
En cuanto a su temática, en ellos muy a menudo está presente el amor, por lo general con tonalidades trágicas. Y también su contra cara, el odio. Como anverso y reverso de una misma medalla, estos dos opuestos sentimientos invaden sus textos, casi como un "leit motiv".

Otra nota característica de estos cuentos es su ambientación. Son cuentos ajenos a las coordenadas terrestres, que nos transportan a extraños territorios, más allá del horizonte, más allá del tiempo y del espacio.

Mónica rehúye el fácil artilugio de recurrir al "color local", al tan recurrido lenguaje "regional", ese que hay que desentrañar al final del cuento con un glosario que nos aclara lo que el autor nos debió decir, sin más, en la primera lectura. Alardes de erudición que conspiran contra el mérito literario y que arruinan lo que podría haber sido -escritos con sencillez- verdaderas joyas literarias. Ejemplo paradigmático de este obrar (y salvando las necesarias distancias) lo constituyen los episodios de "La guerra gaucha" de un genio como Lugones; deliciosos episodios de nuestra lucha por la independencia, depreciados por este "efecto" (me parece una falta de respeto llamarlo "defecto"), que por cierto no encontramos en obras posteriores, como en la gratísima sencillez de los versos de "Romance del Río Seco". Además, estos cuentos ostentan un lenguaje depurado, en consonancia con su formación profesional.

Resta decir dos palabras sobre sus personajes. Mónica los describe con pinceladas maestras, pocas, que para el buen pintor no son necesarias muchas.

Así, la mendiga del cuento "El duelo": "...Una mendiga, miserable, mostraba en un esbozo de sonrisa, la negrura de un diente solitario, las encías, ensangrentadas. Purulentos los pies, la piel de sus manos, herida, cubierta de hilachas. Encorvada, por caer".

Así, el reo que se dirige al lugar en dónde será ejecutado, en el cuento premiado, "Amigos": "El reo se levantó con disciplina. Rasurado ya, satisfecho estómago y espíritu del postrer deseo; muñecas juntas, tobillos amarrados. Mustio el lapacho en primavera. El lapacho...que ella alimentó en su perennidad".

En fin, "Yo sacrílega", ha iniciado un importante cambio en la narrativa argentina. Y Mónica Maud, su fundadora.

Por Raúl Jorge Lima

Más información de Mónica Maud

Fuente: Escribirte.com.ar

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