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El auge del género infantil, registrado en los últimos años en Argentina, es un fenómeno que se da a nivel mundial, mencionó la reconocida editora Gloria Rodrigué.

Auge del género infantil


"El género ha crecido mucho, pero no sólo en la Argentina sino en todo el mundo. Hasta no hace mucho la literatura infantil era considerada un género menor con el que las grandes editoriales no se metían o los vaivenes de la economía lo hacían fácilmente descartable", describió la flamante directora de "La Brujita de Papel".

"Con el libro infantil -apuntó- hay que tener mucha paciencia, hay que imponerlo. Y a veces no te alcanza la paciencia o la plata para hacerle el aguante. Un título para adultos si no va bien en tres meses, se deja. En cambio con los chicos se va muy despacio pero de una manera pareja. Es un material muy noble".

A su juicio la ilustración juega cada vez más un papel esencial en el rubro: "En este momento el ilustrador está casi de igual a igual con el autor. De alguna manera comparte la autoría".

"En la Argentina hay una cantidad de ilustradores excelentes que trabajan también en el exterior, realmente de primera. También hay muchos autores que han ido creciendo en su escritura. Muchas veces con más fuerza que los escritores orientados a la literatura para adultos", consideró Rodrigué.

"Los años que yo estuve en Sudamericana -editorial que publicó 'Cien años de soledad', la novela emblemática de Gabriel García Márquez"- empezamos a editar libros infantiles con Canela (Gigliola Zecchin) y lo único que teníamos, que no era poco, eran los textos de María Elena Walsh. Tardamos unos diez años en que el género se impusiera y todo funcionara bien", recordó.

"Cuando me fui de Sudamericana, me dio pena dejar ese género. Y entonces decidí con mis cinco hijas empezar a armar algo -contó Rodrigué-. Salimos las mujeres de la familia a compartir el trabajo de esta nueva editorial".

La propuesta está dirigida a chicos de hasta 12 años, "que es cuando los padres le compran los libros. Pensamos hacer dos líneas: una más literaria y otra más lúdica, de libros de objetos, como unos de plástico (la colección Burbujitas) que acabamos de sacar".

"Lo que quisimos fue incorporar un plus a estos libros iniciales y sumar un pequeño texto que la madre le pueda leer. Que no fueran solo para mirar. Son para bebes que empiezan a sentarse en la bañadera, que no superen los 3 años. Y fui probando con mis propios nietos para ver como funcionaban", explicó.

El nombre de la editorial, "quisimos que estuviera relacionado con un personaje. Yo tengo una nieta pelirroja, que se llama Guadalupe y ahí surgió la brujita. La colección se llama Guadalupe Sinverruga y los tres títulos iniciales son de Cecilia Pisos. Es una autora que vive en México y me gusta mucho".

"Publicamos también un cuento de tapa dura sobre un hipopótamo, 'Hipo no nada', que había salido afuera pero no en español. Es una historia de Pablo Bernasconi, un escritor muy creativo del género infantil", opinó Rodrigué.

Desde el principio, "la idea fue trabajar mucho, hacer ediciones muy cuidadas, no sacar uno detrás de otro. Quisimos el tiempo necesario para ocuparnos de los detalles, que es lo que marca la diferencia".

"Tardaron más de un año en aparecer estos primeros títulos e hicimos un pequeño concurso para encontrar el ilustrador de la brujita, que ganó O’Kiff de manera unánime. La impresión se hace en Uruguay, por eso hasta que el libro llega acá es como un parto", graficó.

La próxima etapa incluye unos libros de cartón para bebés con tres temas: "En el restaurante con los abuelos", "En el súper con mamá" y "En el baño yo puedo solito", acerca de los hábitos.

"Ahora se usa mucho sacar pequeñas colecciones y después cambiar. No seguirlas, hacer otra cosa. Cuando son muy chiquitos, los chicos no coleccionan", afirmó la editora.

Para rematar este primer impulso, "sacamos un libro de la escritora cordobesa Cristina Bajo, sobre leyendas argentinas. Había salido hace muchos años atrás en Atlántida, pero la autora recuperó los derechos y me lo ofreció. Hicimos una edición totalmente diferente, con ilustraciones de Pez".

"El texto tiene un cariz educativo. En quinto y sexto grado se trabajó con leyendas, así que en la parte última del libro hay un espacio para trabajar en el aula", explicitó. Rodrigué subrayó que el género infantil "es muy versátil" y que en el largo proceso de instalación de un título "hay que partir por explicarle el proyecto a los libreros -porque la venta empieza en un boca a boca- y hay que ir también a los colegios".

Fuente: Diario Hoy

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