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28
Septiembre
Occidentes

Hace algunos días Vanguardia publicó un texto donde daba cuenta del plagio de un texto literario. La noticia no hubiese pasado a mayores, pero quien fue acusado de plagio es nada más y nada menos que un escritor como Alfredo Bryce Echenique.

El plagio en la literatura: de escándalo en escándalo


Y quien lo acusó y pudo probar dicho plagio, fue el escritor gallego José María Pérez Álvarez, mejor conocido como Chesi. Chesi publicó en la revista literaria española "Jano" un cuento que tituló "Las esquinas dobladas", un año después este mismo texto fue publicado en el diario "El correo de Lima" con el título de "La tierra prometida" y con la firma de Bryce Echenique. Básicamente el mismo texto, a decir de los análisis publicados al respecto, sólo se cambió de lugar geográfico la historia, de Orense a Madrid y se eliminaron dos palabras insustanciales para la historia.

Luego de que el "plagio" se dio a conocer, Pérez Álvarez explicó que "no hay ningún tipo de dudas sobre el plagio. Lo único es que la historia que yo había contado en mi texto era una historia real. Lo que hace Bryce Echenique es que cuando yo digo en mi ciudad, él pone Madrid. Y la última frase de mi artículo es la que utiliza para poner el título a su artículo".

El escándalo no se haría esperar y ahora, se ha develado una serie de textos supuestamente plagiados por Bryce Echenique, como es el caso del historiador peruano Herbert Morote, que denunció este hecho en el diario peruano "El comercio".

La cosa es grave y antigua a la vez. Acusados de plagio han sido señalados varios escritores, entre ellos el mismísimo Gabriel García Márquez con su novela corta "Memoria de mis putas tristes", la cual es un palimpsesto de "La casa de las bellas durmientes" de Yasunari Kawabata. No menos célebre es el caso de Carlos Fuentes y su mítica "Aura", reescrita sobre "Los papeles de Aspern" de Henry James.

Otro ejemplo que fue un escándalo latinoamericano fue el descubrimiento de que el texto "El cazador", de la escritora chilena Paulina Wendt, era un plagio del texto "El fin del viaje" del argentino Ricardo Piglia (en 2003). El cuento fue ganador de un prestigiado premio de Chile, el Premio de Cuentos Paula, el cual es un concurso organizado por la revista del mismo nombre desde mediados del decenio de los 60's y es uno de los más prestigiosos de Chile, con fama de ser una plataforma para los narradores jóvenes.

¿Quiénes fueron los jurados que se comieron el gato por la liebre y premiaron? Parece increíble pero son los admirados narradores Juan Villoro y Rodrigo Fresán. Los cuales, todo mundo sabe, son empedernidos lectores –eso se creía– del argentino Ricardo Piglia.

Y sigue el escándalo: la autora señalada como plagiaria, es la pareja sentimental del poeta Raúl Zurita, el cual a su vez ha sido acusado de plagiador de Bob Dylan y de quien se dice que ganó el Premio Nacional de Literatura en su país, Chile, al haber dedicado un poema al Presidente de Chile en ese entonces, Ricardo Lagos.

¿Ignorancia de Villoro y Fresán al no leer a Piglia? Lo bien cierto es que el mundo de la literatura está lleno de arribistas, gacetilleros de cuarta que acceden a premios y becas vía la mano de funcionarios en turno, y no precisamente por las bondades de su genio creativo.

Un último escándalo donde una vez más se pone de manifiesto que en literatura, como en cualquier otra actividad, los intereses económicos dominan sobre la creatividad y rectitud. En el año 2005 y luego de un proceso legal arduo y bizarro, la Suprema Corte de Justicia de Argentina confirmó una "condena pecuniaria" contra Editorial Planeta y el escritor Ricardo Piglia –Piglia de nuevo–, por considerar que un concurso literario organizado por esa empresa y adjudicado en el lejano año de 1997, fue "manipulado". La demanda contra Planeta, que premió en ese entonces a la novela "Plata quemada" de Piglia, fue interpuesta por el escritor Gustavo Enrique Nielsen, que también se había presentado al concurso.

La sentencia también sostuvo que el jurado del concurso, integrado por los escritores Mario Benedetti, María Esther de Miguel, Tomás Eloy Martínez y Augusto Roa Bastos, tuvo "menguada intervención" en el otorgamiento del premio. Por su vinculación con la editorial, el tribunal argentino sostuvo que "Piglia, o más específicamente sus obras, no debió postularse para la obtención del premio".

Por Jesús R. Cedillo

Fuente: Vanguardia

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