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Pasada la avalancha de críticas recibidas por haber pertenecido a las SS hitlerianas cuando tenía 17 años, Günter Grass presentó ayer en España Pelando la cebolla (Alfaguara), su polémico libro autobiográfico.

''Nos dejamos seducir por Hitler sin hacer preguntas''


Con su inseparable pipa en la comisura de los labios, Grass desgranó el "liberador pero muy doloroso proceso" que supuso escribir dicha obra y soportar "la auténtica persecución" mediática a la que fue sometido después.

Aprender la democracia

Según explicó en la rueda de prensa ofrecida en el madrileño hotel Palace, decidió escribir Pelando la cebolla para reflexionar sobre su infancia y juventud. Periodos en que, "como muchos otros alemanes", se dejó "seducir por el nazismo y el programa de Hitler sin hacer preguntas" para, al finalizar la guerra, encontrarse "ante la nada" y tener que "aprender las reglas de la democracia" .

El escritor alemán nunca había ocultado su pertenencia a las juventudes hitlerianas ni la convicción que tenía su generación de que Hitler ganaría la guerra -"estaba deslumbrado y creía en la victoria final"- pero sí había guardado silencio durante décadas sobre su relación con las Waffen-SS.

"Ese recuerdo se enquistó en mí, lo he tenido encapsulado en la memoria, y con este libro llegó el momento de contarlo". Una obra que narra cómo fue su vida, profesional -"obsesionado con ser artista empecé como escultor aprendiendo a tallar lápidas"- y familiar -"cuando acabó la guerra no sabía donde estaban mis padres"-, hasta el momento en que publicó El tambor de hojalata. Y también cómo marcó el nazismo a su generación. "El enemigo era algo abstracto, lo que sabíamos era por la propaganda y lo único que queríamos era ser héroes de guerra".

Un ejercicio de memoria que nunca pensó tuviera consecuencias tan agrias. "Por mi ideología de izquierdas algunos quisieron ajustar cuentas y me atacaron para tratar de callarme. No lo conseguirán".

Poesía y payasos

"Tanto odio me sorprendió", explica Grass de cómo le trató la prensa al conocer su paso por las SS. Pero el escritor ha trasformado aquel dolor en un nuevo fruto literario. El poemario Dummer August -juego de palabras entre tonto agosto y payaso- donde es implacable con los que le atacaron por su pasado.

Kapuscinski era espía comunista

Los errores del pasado también persiguen a Kapuscinski. Pero a diferencia de Grass, el periodista, muerto en enero a los 74 años, ya no tiene posibilidad de réplica. Según la edición polaca de Newsweek, el autor de Ébano sirvió como agente de la policía secreta comunista entre 1967 y 1972. Lo cierto es que como corresponsal de la agencia estatal polaca (PAP), el escritor se vio forzado a firmar un documento de cooperación con el régimen para poder salir del país.

Por Ana López-Varela.

Fuente: Diario adn

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