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Febrero
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La industria editorial continúa en expansión y en el área educativa se implementaron programas tendientes a instalar en los niños y adolescentes el interés por la literatura

Día mundial del libro. Un abrazo a la imaginación


Tanto Cervantes como Shakespeare, los más destacados autores de lengua hispana e inglesa respectivamente, reflejaron en sus obras su propio entorno social y cultural. Ambos fallecieron el 23 de abril de 1616, por eso se instauró esa fecha como Día Internacional del Libro. En la ocasión, se reaviva el debate acerca del valor de la lectura como un placer que enriquece espiritual y culturalmente a las personas. Además, permite reafirmar su identidad, cuando se nutre de la obra de autores regionales.
“Si uno sabe quién es y valora su propia identidad cultural, puede tener un proyecto de futuro y una visión del mundo. En cambio, si preferimos borrar nuestras raíces, dejamos de tener una identidad definida, como le pasó al grajo de la fábula del pavo real”, definió la doctora en Letras Carmen Tacconi de Gómez. Con el entusiasmo y la seguridad que la caracterizan, la docente relató la historia del pájaro tosco que anhelaba lucir rutilantes colores. Decidió recoger todas las plumas que se le caían al pavo real y vestirse con ellas. “Pero cuando se pegó las plumas nadie lo aceptó, porque se notaba la falsedad de su plumaje -señaló Tacconi-. Lo mismo le sucede al escritor que quiere parecer afrancesado o con barniz norteamericanizante. Es preferible seguir el consejo de William Faulkner, que siempre repetía una idea de Chéjov: ‘Pinta tu aldea y pintarás el mundo’. Es decir, hablar de lo que uno más conoce y mejor puede presentar. Mostrar, en lo diferente, lo universal”. Especialista en literatura regional (aquella que tiene las marcas de la cultura regional en su lenguaje y en sus temas), mencionó al narrador jujeño Héctor Tizón como el autor vivo sobresaliente del NOA. Recomendó su libro de relatos “El gallo blanco” o alguna de las antologías de cuentos, y la novela “Sota de bastos, caballo de espadas”. Sin embargo, señaló que hay escritores tucumanos contemporáneos cuya obra es igualmente valiosa y apasionante pero, sin embargo, permanece ausente de las librerías. Por ejemplo, cree que la cultura nacional tiene una deuda enorme con Juan Alfonso Carrizo, que rescató la literatura oral del NOA en su Cancionero Tradicional de Tucumán. “La sabiduría de dos hombres de la Generación del Centenario, Alberto Rougés y Juan B. Terán, defendieron ese tesoro que es el cancionero de Carrizo, pero por alguna razón inexplicable no ha sido reeditado”, lamentó la doctora en Letras.

Larga lista de autores
Entre los autores tucumanos que hacen literatura regional, Tacconi mencionó a Honoria Zelaya de Nader, a Abel Novillo y a María Elvira Juárez (“Cantando me iré contigo”, temas de la literatura oral y con marca folclórica). “Los que hacen literatura regional tienen marcas regionales. No las tiene, en cambio, la de Ivo Marrocchi. También es destacable la obra de David Lagmanovich (cuentos, poemas y ensayos), único autor de una obra de envergadura en la historia de la literatura del NOA -señaló-. Lo más fascinante son sus microrrelatos. Pero él hace solamente ediciones no comerciales, para regalar entre los amigos”.
La académica explicó que en nuestra provincia, ni el librero ni la editorial valora la producción del autor tucumano. Destacó a Ramón Alberto Pérez entre los cuentistas argentinos de primera línea del siglo XX.
“No tuvo la difusión que merecía porque se quedó en Tucumán. En cambio, a Juan José Hernández, con una producción más reducida, logró repercusión porque se fue a vivir a la Capital Federal -afirmó-. Pérez fue de muy bajo perfil, pero su producción es un tesoro. El cuento más difundido es ‘La cabra blanca’, que rescata la figura de Coquena. No se consigue nada de él en las librerías. Si alguna institución quisiera hacer un homenaje a la literatura regional, tiene material de sobra para editar”. Entre la literatura regional que merece reeditarse, la investigadora mencionó la recopilación de relatos tradicionales que escribió Tránsito Cañete de Rivas Jordán, “El carnaval del diablo” del catamarqueño Juan Oscar Pontferrada, la obra de Rafael Jijena Sánchez, la de Raúl Galán y la de Manuel José Castilla. “No me alcanzaría un programa de estudio de un año para todos los que tengo como predilectos -admitió-. Si tuviera que dar literatura general de Tucumán o del NOA, me vería en dificultades porque el caudal es enorme. Otro tucumano ausente de las librerías es Hugo Foguet. No se consigue ‘Hay una isla para Ud.’ (cuentos) ni la novela ‘Pretérito Perfecto’. Tampoco la obra de Jaime Dávalos, la de Raúl Aráoz Anzoátegui, ni la de Carlos Manuel Fernández Loza. Sorprende lo extenso de la lista”. Tacconi contó que en sus contactos con universidades extranjeras percibió que a los académicos les sorprende la calidad de la producción literaria del NOA. “A la recopilación que he coordinado la evaluaron en Estados Unidos y les sorprendió el nivel de los escritores -dijo-. Es necesario darlos a conocer en la escuela. Para crear en los chicos el hábito de leer hay que darles pequeñas muestras de lo que se trata. A lo largo de la vida el chico que se acostumbra a leer y a elegir bien sus lecturas, va a capitalizarlo. Crear el gusto por la literatura regional ayuda a que la persona se incline por elegir lo propio”.

Fuente: La Gaceta

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