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Cuando le presentaron a Gabriel García Márquez, "Gabo", en aquel invierno de 1948 le advirtieron que era una persona "con talento, pero un caso perdido". Hoy el escritor Plinio Apuleyo Mendoza recuerda la anécdota con una amplia sonrisa.

El amigo que pasó de ''caso perdido'' a Nobel de Literatura


A través de varias décadas, los dos intelectuales colombianos, Plinio y Gabo, que compartieron el trabajo periodístico en varios países, han mantenido una amistad estrecha y cómplice.

Mendoza, que ha sido varios años embajador de Colombia en Lisboa y ahora está ya en su despedida, es uno de los pocos afortunados que puede leer los textos del Nobel de Literatura antes de que sean publicados.

'Gabo' le llama además con frecuencia, reveló, porque ha retomado la redacción de sus memorias.

Ahora, con motivo del 80 aniversario de García Márquez, Mendoza rememoró para EFE algunos de los recuerdos y anécdotas de esa amistad, que ha dejado huellas en la producción literaria de ambos.

'Recuerdo -dijo Mendoza a Efe- que cuando estaba escribiendo 'Cien años de soledad' me dijo que estaba inmerso en una obra que podría convertirse en un golpe de éxito, o hundirlo en el ridículo'.

El autor le ofreció algunos detalles de la obra: cómo era asesinada una persona y la sangre corría por las calles hasta que llegaba a casa de la madre o como desaparecía una joven y se marchaba al cielo.

Plinio le aconsejó que enviar al cielo a uno de los personajes era arriesgado, pero cuando recibió el manuscrito de la novela y lo leyó le escribió una carta para asegurarle que no haría el ridículo, 'que ese era el golpe de éxito y era fascinante'.

En su respuesta, en otra carta que Plinio conserva, Gabo le confesó que había vivido 'quince días de angustia' pero que otros amigos a los que había mandado el manuscrito le habían dicho lo mismo y parecía que la obra iba a ser 'un trancazo'.

'Cuando se enteró -rememora Mendoza- de que estaba escribiendo acerca de nuestra amistad (el libro 'Aquellos tiempos con Gabo') me dijo una frase que no he olvidado: 'nunca supe adonde iba a llegar empujando este carro, primero cagado de miedo por lo que podía ocurrirme y ahora cagado de miedo por lo que me ha pasado'.

Según Plinio, el éxito literario de Gabo nunca lo ha apartado de sus amigos y tiene su 'clave' en tres factores.

Uno de ellos es 'el mestizaje' de Gabo, cien por cien occidental y con el bagaje literario de las lecturas de Sófocles, Rabelais o William Faulkner, pero influido por las culturas precolombinas y de los negros llevados de Africa, explica.

Un segundo factor es 'el talento, que es mágico y se nace con él', unido a la 'vena poética' de García Márquez, autor de varios sonetos nunca publicados, 'que se traduce en el lenguaje mágico de su obra, evocadora de un poeta frustrado'.

Por último, el tercer elemento del éxito es 'la vocación, que se traduce en disciplina de trabajo', una vida dedicada a la literatura, recuerda Plinio, y preferir 'pasar hambre en París, cuando escribía su primera novela (La Hojarasca) a regresar a Colombia.

Tampoco el éxito se adueño de García Márquez, ni siquiera en la ceremonia en la que recibió el Nobel.

'Cuando entramos en aquel salón lleno de flores, gente vestida de frac y flashes de los fotógrafos, noté que se puso muy pálido -recuerda el amigo- y se viró y me dijo: 'Mierda Plinio, esto es como si estuviese asistiendo a mi sepelio'.

En aquella ocasión Gabo, bastante supersticioso, no quería vestirse de frac porque consideraba que trae mala suerte e 'inventó una historia y le contó a los organizadores que deseaba usar un traje típico colombiano'.

Pero 'en realidad es más propio de Venezuela, el llamado 'liqui-liqui', todo blanco y con chaqueta abotonada hasta el cuello', sonríe Plinio, que entre carcajadas, agrega: 'cuando regresé a Bogotá me preguntaban ¿por qué vistieron al Gabito de cocinero?'.

Gabo redactó 'El coronel no tiene quien le escriba' mientras colaboraba desde París con la revista venezolana 'Momento', de la cual Plinio Apuleyo Mendoza era jefe de redacción.

'Gabo -explica- tenía dificultades financieras, en algunos momentos, hasta pasaba hambre y estaba a la espera del sobre con el cheque de sus colaboraciones. De esa angustia surgió la idea de la novela'.

Plinio convenció al dueño de la revista de contratar un nuevo periodista y Gabo fue a residir a Caracas, en diciembre de 1957.

'Llegó delgado, macilento, estaba como verde y le dije que al domingo siguiente iríamos a la playa', pero García Márquez, con gran intuición, dijo que tenía el presentimiento de que iba a pasar algo y no habría excursión.

'Antes de diez minutos se sintieron aviones. Ametrallaban el palacio presidencial y sonaba el estampido de los cañones antiaéreos'. Era un frustrado levantamiento contra el dictador Marcos Pérez Jiménez, que dejó, efectivamente, a 'Gabo' sin playa.

Fuente: Terra

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