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Son los escritos de quienes recorrieron estas tierras en épocas del Virreinato. Ya abrió una librería especializada. Y los precios de este género crecen en subastas.

Relatos de viajeros: están en auge los primeros libros que describieron Argentina


Los libros de aquellos viajeros europeos que describieron estas tierras desde la época del Virreinato del Río de la Plata atraen cada vez más a un público de lectores inquietos, turistas y coleccionistas. Esto se nota en los precios pagados en subastas, como la organizada hace unos meses por Saráchaga —con la biblioteca de Horacio Zorraquín Becú— donde la edición original inglesa de 1853 del libro de William Mac Cann, Viaje a caballo por las provincias argentinas, salió a la venta a 600 pesos y acabó vendiéndose a 5.000.

El libro de Mac Cann es un clásico, pero este interés se nota más allá de las subastas. Por caso, dos bibliófilos porteños, Ernesto y Ricardo Fullone, crearon la nueva Librería del Plata (www.libreriadelplata.com.ar) que se especializa en libros de viajeros. Hay demanda: la librería publicó en 2006 un catálogo de 284 títulos en varios idiomas. Una colección especializada, dirigida por Nerio Tello en la editorial Continente, salió con diez nuevos títulos el año pasado —entre ellos un famoso relato de cautivos, Tres años entre los patagones, una obra publicada por Auguste Guinnard en 1864 en París— y planea hacer otro tanto en 2007. La editorial Corregidor, por su parte, lanzó una valiosa antología hecha por el estudioso Martín Servelli, Viajeros al Plata: 1806-1862, centrada en los viajeros británicos.

"Posiblemente influye el turismo en Buenos Aires, aunque siempre hubo un público fiel para estos libros. Creo que estos autores, pienso en viajeros ingleses como Mac Cann, Alexander Gillespie, Francis Bond Head, Joseph Andrews, John y William Parish Robertson —entre muchos otros— son fascinantes porque, como ya lo dijo Ezequiel Martínez Estrada, son parte de nuestra propia literatura y sus huellas se notan en Alberdi, Mármol, Echeverría y Sarmiento", opina Juan María Poiron, directivo de Saráchaga.

Si bien la colección que dirige Nerio Tello se especializa en viajeros a la Patagonia —donde "el mito nace ya con Pigaffetta, el cronista de Magallanes en 1520, prolongándose luego con relatos de cautivos y aventureros de distintas épocas"— él destaca que el interés por esta literatura obedece a que "muchas imágenes fundamentales del país —los Andes y el desierto, la pampa, los gauchos, los indios, el matadero— vienen de relatos escritos por viajeros, muchos de ellos ingleses llegados luego de 1810".

El modelo prestigioso de esta literatura, que tenía un público popular en Europa —hay que imaginarse una época sin fotógrafos, sin Internet, sin televisión— era el Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Mundo, 1799-1804, la obra de Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland editada en París a principios del siglo XIX. Entre sus muchos lectores entusiastas se contaba gente como Simón Bolívar y José de San Martín.

Los estudiosos dicen que la literatura de viajes en la zona rioplatense no arranca con los ingleses, aunque probablemente culmine con ellos. Es que siempre hubo científicos, militares, diplomáticos y comerciantes curiosos. Se sabe de varias obras escritas por sacerdotes o funcionarios del Virreinato, por caso, El lazarillo de ciegos caminantes, de Concolorcorvo, quien ya en 1773 se sorprendía con los asados gauchescos. En la Librería del Plata, los hermanos Fullone disponen de más de 500 ediciones originales —escritas en diez idiomas— con auténticas rarezas, como una crónica de Alvar Núñez Cabeza de Vaca publicada en Valladolid en 1555, o el Ensayo sobre la historia natural de la provincia del Gran Chaco, obra del jesuita italiano Giuseppe Jollis editada en 1789.

Los Fullone creen que el moderno interés en la literatura de viajes al país nació en 1977 con un best seller de Bruce Chatwin, In Patagonia, un ejemplar de la primera edición inglesa se cotiza hoy a 5.000 dólares. Los siete tomos del monumental Viaje a la América Meridional, publicados por el francés Alcides D'Orbigny entre 1835 y 1847 pueden valer 60.000 dólares. Y la crónica del viaje de Charles Darwin con sus compañeros Parker y Fitz Roy en el "Beagle", editada en 1839, 70.000 dólares.

Pero más allá de los núme ros, ¿dónde está la magia secreta de estos textos? Carlos Real de Azúa lo explicó en un ensayo —reeditado ahora en la antología Viajeros al Plata, de Servelli— aventurando que estos viajeros nos fascinan porque testimonian fielmente un mundo en disolución. Los viajeros sabían que detrás de ellos venía la Europa industrial y que esa Arcadia rural que recorrían tenía los días contados. Eran románticos sin saberlo, decididos a ver todo por primera vez. Es por eso que a estos testimonios volverían, deslumbrados, nuestros primeros románticos —Mármol, Echeverría, Sarmiento— conscientes de que allí estaba la posibilidad de crear una literatura propia.

Fuente: Clarin.com

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