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28
Septiembre
Occidentes

Nadine Gordimer, Premio Nobel de Literatura 1991, habló en México sobre el papel de los escritores como testigos de su época. Dijo que no hay cómo eludir esa responsabilidad.

Nadine Gordimer: ''No existen torres de marfil frente al acoso de la realidad''


Un silencio es un silencio, claro, un absoluto que no se mide y sin embargo hay algo de grandioso en un silencio de más de mil personas. Un enorme silencio de más de mil personas se hace en el salón principal de la Feria del Libro de Guadalajara esta tarde, cuando se sienta en el estrado esta señora mayor que es la sudafricana Nadine Gordimer, con su pelito blanco y su aire de dama inglesa.
Más de mil personas adentro, quién sabe cuántas afuera, frente a las pantallas. Es que Nadine Gordimer —Premio Nobel de Literatura 1991— ha cruzado el océano y el Ecuador para llegar a México y hoy —uno de los últimos días de noviembre— es el día en que habla. Testigo: el testimonio interno es su tema. Los escritores como testigos de su época.
La expectativa se entiende: Gordimer nació hace ochenta y tres en una Sudáfrica donde negros y blancos sólo se reunían en relaciones de servidumbre. Si esto era así de hecho, en 1948 la segregación tomó forma legal: el apartheid. Hija de una familia judía, blanca y de clase media, Gordimer había quedado del lado de los privilegiados. Pero luchó contra ese privilegio. Y en sus libros habló de las tensiones moral y psicológica que provoca la segregación.
"La responsabilidad de los escritores está allí y no puede ser eludida", dirá en un rato. El apartheid, claro. Pero ahora hay más: "Hemos llegado a coexistir con los horrores de las bombas terroristas en el subterráneo de Londres, con las matanzas en Afganistán, en Ruanda, en Sri Lanka... y la lista sigue".
Ser testigos, entonces. "El diccionario nos dice que un testigo también es quien da un testimonio que nace desde el interior. Las vidas individuales de los hombres, de las mujeres y de los niños tienen que reconciliar, dentro de sí, las diferentes certidumbres que se ven resquebrajadas, de la misma manera en que caen los cuerpos en los escombros de Nueva York o en Afganistán", dice. Y la potencia de la imagen golpea sobre los mil y tantos del auditorio. ¿Qué tiene que hacer la literatura ante esto? Gordimer va armando su respuesta: "Kafka dice que el escritor busca entre las ruinas cosas diferentes que los demás, es un salto cualitativo tras lo que verdaderamente está sucediendo. Esta es, justamente, la naturaleza testimonial que los autores deben dar, una mirada interior, puesto que tienen el sexto sentido de la imaginación para completar el hecho. El percatarse de lo que sucede va ligado con un sentimiento, una voz".
Por acá viene: "Tenemos la realidad de lo interior en su relación con el mundo exterior. Y uno puede preguntar qué tanto debe participar un autor, en su narrativa, frente a cambios sociales. Albert Camus creía que debíamos ser partícipes. Decía que él y sus camaradas, durante la resistencia francesa en la Segunda Guerra Mundial, experimentaron el estado mental y espiritual que trajo la lucha. Nosotros sabemos que quienes participaron, quienes sobrevivieron a las bombas atómicas, los que se vieron privados de su libertad, no necesariamente van a narrar sus vivencias."
Entonces, ¿qué hace un escritor? "Somos una caja de resonancia pero no únicamente de lo que pasa afuera sino de lo que pasa adentro también", insiste Gordimer. Con una suave firmeza. "Nosotros sabemos que el trabajo de la creación artística procede hacia abajo, hacia las profundidades y esta es la única dirección en la que tenemos libertad para avanzar. Nosotros como autores no podemos caer en la indulgencia de creer que podemos sembrar la bandera de la libertad en cualquier territorio sin irnos a las raíces, sin buscar las causas profundas. No podemos excluir o descartar nada dentro de nuestra búsqueda interior en pos del sentido, nuestro trabajo es hacia adentro, incluso hacia adentro de los actos de terrorismo: Debemos buscar el sentido, la misma búsqueda de sentido que hacen aquellos que cometen esos actos, la misma búsqueda de sentido que llevan a cabo aquellos que fueron víctimas de esos actos".
Sabe, la sudafricana, que está entrando en esta conferencia en un tema sobre el que no hay acuerdos. Que se le dirá que el creador debe buscar la libertad creativa, nuevos lenguajes, y no atarse a otras obligaciones. Lo ha pensado: "¿Esto nos habla de una carencia o de una falta de libertad artística para nosotros? ¿Qué piensan ustedes que es un artista? ¿Un imbécil, que no es nada más que ojos; nada más que oídos si es un músico; un mentiroso si es poeta? No, un artista es también un ser político que está constantemente pendiente de lo que sucede en el mundo, ya sea amargo o dulce, y no puede evitar ser moldeado por esos acontecimientos, de la misma manera en que el arte va moldeando los acontecimiento exteriores".
¿Un artista puede desgajarse del mundo? Gordimer no lo cree y busca apoyo: "Gustave Flaubert le escribió a Turgueniev: 'Siempre he procurado vivir en mi torre de marfil. Pero una marea bate sus muros hasta el punto de derrumbarla,'".
Suave, dijimos, y firme. "La literatura de testigos —recalca— no es incompatible con la experimentación, tanto de forma como de fondo. Nosotros debemos encontrar la manera en que la exigencia de sentido de la que hablamos pueda ser narrada, pueda ser expresada a través de nuestro instrumento, la palabra. Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Octavio Paz, José Saramago, todos ellos son autores que buscan el sentido y tratan de comunicarlo a su propia gente, a sus coterráneos y a sus contemporáneos más allá de las fronteras".
¿Y ella? "Yo he tenido experiencia como narradora de desastres que exceden toda comprensión; el racismo, que nos habla de una mitología de colonialismo donde hay una casta superior que se autonombra como mitológica y divina. Yo nací en la minoría blanca sitiada por el privilegio pero ya desde niña confrontaba la realidad a mi alrededor, quería dar sentido a lo que observaba y lo hice contando historias, narrando incidentes pequeños de la vida cotidiana. Recuerdo a un amo blanco y a una ama blanca que veían a su sirviente, en el fondo, siendo golpeado por la autoridad blanca. Esos son recuerdos que no se van: más tarde busqué cómo contar esa crueldad sin ninguna anestesia. La condición existencial de testigos inspira a ir más allá de la forma y el uso de la lengua. En mi caso, esto es en pos de un anhelo de crear las historias que, en su anécdota, tratan de lo que veo en Africa."
Lo que veo: "Para ser fiel a la narración tengo que ponerme en la perspectiva de la mirada interior. La literatura de testigo es, justamente, la expresión de ese testimonio interior, con una intención política. En mi caso se trataba de mi supervivencia: la supervivencia de mi personalidad dependía de la recuperación ante los horrores del apartheid. Nosotros como testigos buscamos documentos, pero los documentos tienen que ser descifrados y solamente pueden serlo con ese testimonio que nace desde el interior".
Y finalmente: "La imaginación no es irrealidad sino una realidad más profunda. No hay torres de marfil. No existen torres de marfil que puedan sostener víctimas, que puedan sostener el acoso de la oleada interminable de la realidad".

por Patricia Kolesnikov

Fuente: Clarin.com

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