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Occidentes

La gran ventana de los sueños, un libro inédito de Rodolfo Fogwill que reúne una serie de relatos donde el autor argentino narra los sueños que tuvo a lo largo de muchos años, fue presentado anoche en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba).

Presentaron un libro póstumo de Fogwill


La presentación del libro, publicado por Alfaguara, estuvo a cargo del músico Adrián Dárgelos, el escritor Fabián Casas, el psicoanalista Jorge Palant y el poeta Guillermo Saavedra, quienes hablaron sobre la obra póstuma de Fogwill (1941-2010), ante un auditorio casi repleto donde se encontraban, entre otros, la hija del autor, Vera Fogwill, y los escritores Alan Pauls y María Moreno.

"Una gran parte de los relatos de Quique están narrados en primera persona. Atrás de esa primera persona se presupone que está él: un héroe que con sarcasmo atraviesa sus aventuras", señaló Dárgelos ante el público.

Y dijo: "creo que Quique es el generador de esas aventuras y no el protagonista. En este libro, en cambio, me parece que la primera persona se parece más a él".

"Yo elijo siempre que esa primera persona sea una voz oficial que me dice cómo funcionan las cosas y dónde uno se tiene que parar en el complot -explicó el cantante del grupo Babasónicos-. Porque él siempre hablaba de las personas que no saben del complot que existe. Y el narrador, que sería él, viene a desasnar en qué punto el complot se va a desmantelar".

El músico y poeta apuntó: "siempre decido creerle y me paro del lado de quien resuelve el complot. Entonces me dio alegría que haya una opinión más para fijarme de qué lado tengo que estar. Así tomé este último libro de Quique".

Por su parte, Palant, uno de los psicoanalistas a quien Fogwill dedicó el libro, dijo: "en relación a la dedicatoria encontré una manera de entrar a lo que tengo para decir sobre él. Porque sus primeros libros los publicó estando en análisis conmigo. Entonces tengo cierto registro de esos libros que me regaló cuando recién se publicaron".

"Son dedicatorias que me generaron una conexión particular porque trazan una línea entre los del comienzo y este que es póstumo. Algunas de sus dedicatorias eran muy graciosas, realmente ingeniosas. Una vez me dedicó alguno a cambio de los honorarios del mes", recordó, entre risas, el psicoanalista y dramaturgo.

Fabián Casas, a su turno, contó que "cuando venía para acá pensando que tenía que hablar del libro y de Fogwill, me di cuenta que me hubiese gustado más estar en una especie de cocina grande, un lugar donde estemos más juntos. Es una cosa que tiene que ver con estar todos rodeándonos y hablando. No es una crítica al Malba, pero es una idea que venía pensando".

"Lo que me parece una gran noticia es que el libro es bueno -indicó el escritor-. Hubiésemos estado igual aunque el libro fuera malísimo, porque lo queremos mucho a Quique y porque un escritor puede tener un libro malo, no tiene que meter 15 obras geniales".

Según Casas, "el libro funciona como una intelectualización de los sentimientos. Lo primero que me pasó leyéndolo fue que empezó a funcionar esa voz de Fogwill tan precisa. Me remitió inmediatamente a eso que pasa cuando uno se inunda por un autor y no puede salir de ahí: querés escribir como él porque es mejor que vos, no podés metabolizarlo por completo".

"A partir del libro empecé a pensar en los sueños y me dieron ganas de hacer un libro sobre sueños -confesó el escritor-. Lo que es claramente una idea mala, porque ya lo hizo muy bien Fogwill; pero me producía tanta empatía leerlo que no podía dejar de pensar en eso".

A su turno, Saavedra dijo: "los que ya hemos tenido ocasión de tomar contacto con este libro, la palabra que más se impone, sin ponerse demasiado tangueros, es conmovedor".

"Porque si bien es inequívocamente «fogwilliano», es un Fogwill al que uno accedía en contadas ocasiones, entre los pliegues de puteadas, chicanas, ironías y todo ese repertorio de aparentes maldades con las que Quique disfrazaba esa enorme capacidad de contener, acompañar y leer al otro", explicó el poeta.

Y señaló: "todos los que hemos sido beneficiados por la lectura de Quique, sabemos que esas cosas eran una fachada, pero estaban. Y aquellos que no lo han conocido a él pero conocen su formidable obra, saben que ahí hay un Fogwill que salía a la literatura como quien sale a la guerra".

"En este libro, lo que encontramos, me parece, es un Fogwill que efectivamente se dedicó a recopilar en un diario los sueños que anotaba cuando se despertaba y luego él mismo generó una edición de estos relatos. Porque no son los sueños anotados de primera mano por Fogwill, sino más bien un trabajo, una determinación, una especie de inevitable sinceridad".

 

Fuente: Télam

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