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“El escritor tiene que ser en primer lugar, y ante todo, un lector voraz”.

Los libros: Objetos maravillosos


La memoria literaria del escritor argentino Ricardo Piglia inició con un encuentro directo con Hemingway, luego llegaría Melville para mostrarle fieras aventuras, después le seguiría Dostoievski para mostrarle la inevitable influencia de la literatura en la experiencia de la vida.
En una charla intimista, en la que el público era mayoritariamente joven, el escritor de “El Último Lector”, inició su participación expresando su convicción de que “el escritor tiene que ser en primer lugar, y ante todo, un lector voraz”.
Señaló que el primer libro que tocó su alma fue “En Nuestro Tiempo” de Ernest Hemingway, y agregó: “Cuando terminé de leer el libro la tarde ya había pasado y yo era ya otra persona, después de leerlo, uno tiene la idea un poco loca de que puede hacer eso también; la literatura tiene que ver con lo que uno quiere vivir, tuve también la sensación de que podía escribir”.
Piglia tiene claro que la lectura es una placer tortuoso, pero aseguró que es ésta, y todas las posibilidades de gozo y dicha, lo que le da a la lectura una singularidad única.
“La felicidad también tiene problemas, el hombre feliz vive en un mundo diferente al del desdichado. Es cierto que muchos libros tienen efectos dolorosos, pero el placer de la lectura sigue ahí.
“Leer es un acto solitario, pero también un acto que uno hace ver al otro, porque invariablemente recomendamos los libros que le gustan a uno, o los regalamos; creo que leemos para aprender y para reconciliarnos con el mundo o con uno mismo”, expresó convencido.
Se le cuestionó sobre si en algún momento de su vida ha visto al libro como símbolo de resistencia, y después de una breve cavilación expresó que “muchas veces lo es, porque la lectura es un acto tan individual que la resistencia también está ligada al lector.
“Cuando joven leí ‘El Idiota’ de Dostoievski, una novela sobre la bondad, recuerdo que un sábado por la noche me fui a un bar para seguir leyendo la obra... Tenía un dinero en el bolsillo y estaba en el mundo de Dostoievski, salí del bar y apareció un mendigo, era invierno y sólo llevaba un traje liviano, él hombre me pidió una moneda y, automaticamente metí la mano al bolsillo y en un acto dostoievskiano le di toda la plata que tenía, fue un claro ejemplo de cómo influye la lectura en la experiencia de vida”, narró ante un público que casi llenó el recinto.
“Los libros llegan de manera extraña, en el lugar donde tienen que estar, y uno los encuentra, pareciera que los están esperando a uno”, agregó con aire reflexivo.
Un joven le preguntó si robaba libros, a lo cual Piglia respondió con una sonrisa llena de picardía: “Para robar libros, hay que comprar libros, entonces el librero se calma, pero no hay que robarlos, antes robaba porque no tenía plata y quería leer libros.
“Los libros son unos objetos maravillosos, es uno de los pocos objetos que no están intercalados a la publicidad”, dijo cuando se tocó el tema de competencia entre los libros, la televisión y las nuevas tecnologías.
“No tengo rechazo a la televisión, es una amenaza, sí, pero no se debe ver como algo cerrado, ya que hay cosas buenas que se pueden ver. De hecho, la novela dejó de ser ese género que tenía ese mercado tan amplio, porque hubo un cambio, ya que la televisión y el cine ofrecen otras alternativas; mientras los segundos son pensados para un público de masas, la lectura tiene una relación personalizada y solitaria entre el libro y el lector”, agregó.
Y al ser cuestionado sobre su posición política el argentino precisó: “Yo sigo siendo de izquierda, creo que es más fácil reconocer a un derechista, porque nadie más dice lo que ellos dicen. Alguien de izquierda sabe que las cosas están muy mal, pero uno no debe de resignarse a que las cosas son como son, sino que deben cambiar”.
Por Sylvia Georgina Estrada

Fuente: Vanguardia

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