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De acuerdo con Gerardo Gally, presidente del Centro Mexicano de Protección y Fomento de los Derechos de Autor (CeMPro), de cada 10 libros que se venden en el país sólo cuatro son adquiridos en el comercio formal.

La piratería de libros en México deja pérdidas millonarias para editores y autores


En México, la "piratería" es una práctica que alcanza todos los ámbitos; tenis, relojes, aparatos eléctricos, ropa, e incluso libros se encuentran en las calles en versiones "piratas" que son ofrecidas por vendedores ambulantes en diferentes puntos de la urbe.

"Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez; "El evangelio según Jesucristo", de José Saramago; o los títulos de los últimos Premios Nobel, Doris Lessing y Orhan Pamuk, son ofrecidos en las calles a menos de la mitad del precio de las tiendas y a veces hasta en mucho menos.

De acuerdo con Gerardo Gally, presidente del Centro Mexicano de Protección y Fomento de los Derechos de Autor (CeMPro), de cada 10 libros que se venden en el país sólo cuatro son adquiridos en el comercio formal.

De estos 10 libros, dos son "pirateados" y cuatro son fotocopiados, lo cual quiere decir que el mercado informal tiene en su poder los derechos de seis libros, de los cuales no entra un sólo centavo ni al autor ni al editor, quedando sólo cuatro libros de venta en el mercado formal.

Los principales libros "piratas" son los llamados "best sellers" y los materiales académicos, que ahora, con la tecnología, es mucho más fácil reproducir.

Manuel Guerra Zamarro, director del Instituto Nacional del Derecho de Autor (Indautor), asegura que el ilícito deja ganancias anuales por más de 300 mil millones de pesos, por concepto de robo de propiedad intelectual, tanto en música, libros, películas y programas de cómputo, entre otros.

Esas pérdidas por la piratería representan para la industria intelectual, aproximadamente tres por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), agrega.

Contrario a la versión del CeMpro, para el titular Indautor, las nuevas tecnologías no representan una amenaza pero sí una nueva forma de explotación, en donde se tiene que destacar que el derecho de autor debe ser respetado en cualquier forma de tecnología.

No obstante, este año el CeMPro y autoridades federales lograron asegurar cerca de 300 toneladas de libros apócrifos a través de 12 operativos a bodegas y vías públicas, tan sólo en el centro de la Ciudad de México.

Entre marzo y noviembre se realizaron los operativos en los que se incautaron 320 toneladas de libros, lo que equivale a un millón 200 mil libros decomisados, con un valor de 180 millones de pesos, que representaría el tres o cuatro por ciento de la piratería nacional.

Sumado al mal que ocasionan a los autores, editores y libreros, la piratería de libros es al mismo tiempo un duro golpe al arte de hacer libros, pues en su fotocopiado y reproducción, es olvidada la calidad de materiales y del producto que se puso en ellos a la hora de elaborarlos.

Sobre la transitada calle de Francisco I. Madero, en el corazón de la ciudad, un vendedor ambulante carga un altero de ejemplares apócrifos que ofrece a los transeúntes.

Por solo 50 pesos se puede adquirir "Diablo guardián", de Xavier Velasco; mientras que en las librerías, el tomo se ofrece en su versión de bolsillo en poco más de 100 pesos y en la supuesta versión del ambulante en más de 200 pesos.

El improvisado vendedor, que con su cargamento recorre otras transitadas esquinas del primer cuadro, cuenta también con los diferentes tomos de "El señor de los anillos" de J. R. Tolkien, o el "México negro", de Francisco Moreno, este último lo ofrece en solo 70 pesos "a tratar", mientras en las librerías es una novedad que cuesta más de 200 pesos.

"No son piratas. Llévelos, ¿cuál busca?", dice a quien se ve atraído por los títulos que lleva en las manos y que al ser ojeados, no pueden ocultar su apariencia apócrifa.

Una pasta que no contiene la resistencia de la original, el papel blanco que ha sido sustituido por otro de pésima calidad y la impresión que no ha respetado ni las proporciones de la caja, lo delatan.

Estas escenas se repiten en la calle de Donceles, en las inmediaciones a la Librería Porrúa, (esquina Justo Sierra y Argentina), sobre todo el Eje Central, y desde Balderas hasta la esquina de la Torre latinoamericana, donde los vendedores aprovechan la presencia de los compradores que salen de las librerías para ofrecer mejores precios pero menor calidad.

Por Luis Carlos Sánchez.

Fuente: Mundo Hispano

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