Miércoles
23
Octubre
Occidentes

Son 150 años del nacimiento del gran escritor polaco nacionalizado inglés, cuya mirada al corazón de las tinieblas influenció para siempre la literatura universal.

El gran horror del mundo vive en el corazón de Kurtz


El señor Kurtz, agente de una empresa comercializadora de marfil en el antiguo Congo belga, concluye con esta frase su muy bien compuesto informe para la Sociedad para la eliminación de las Costumbres Salvajes: "Exterminad a estos bárbaros".

El señor Kurtz, por lo demás, es una invención del señor Joseph Conrad (nacido Józef Teodor Konrad Korzeniowski, según suena su nombre, en Polonia el 3 de diciembre de 1857). Y será todo lo imaginario que se quiera, pero hay buenas razones para creer que si el mencionado informe hubiera sido escrito por el señor Conrad, habría terminado con la misma, angustiada, frase.

La novela corta "El corazón de las tinieblas"(de la que Jorge Luis Borges dijo que era "acaso el más intenso de los relatos que la imaginación humana ha labrado") es la protagonizada por el señor Kurtz. Él es su núcleo argumental, simbólico y sentimental, quizá uno de los personajes más logrados de la literatura universal, y acaso el álter ego literario de Conrad.

Pero, ¿qué ha hecho este tal Kurtz, aparte de desear que se elimine a los bárbaros, para gozar de tanta popularidad? Sencillamente esto: ha buceado por años en el centro de la maldad humana, la ha explorado con puntilloso horror, ha convivido con los demonios más hostiles del espíritu, en una localidad remota del Congo.

Y la barbarie le ha recompensado elevándolo a la categoría de semidios (Francis Ford Coppola usó el argumento de Conrad para su "Apocalypse now"). Urgido y arrancado de este corazón oscuro del mundo por una comisión de su empresa, se embarca en un viaje de regreso en medio del cual exhala su último aliento con estas palabras: ¡Ah, el horror! ¡El horror!

La narración es una traducción hacia la ficción de la vida de Conrad quien ejerció de marinero durante más de 20 años (en el Congo Belga, solo aguantó seis meses).

La voz narradora de "El corazón de las tinieblas" (Charlie Marlow) coincide en muchos aspectos con la biografía del marinero devenido escritor. Por ejemplo, de niños tanto Marlow como Conrad se pasaban horas frente a un mapa del mundo dejando caer su índice sobre las más insólitas geografías e imaginando como serían. Ambos se obsesionaron con el Congo y apenas lo pisaron lo odiaron.

Ambos fueron contratados como capitanes de un pequeño buque mercante pero los reasignaron a la misión de rescatar a un agente de la compañía que, según indicios, había perdido la razón.

¿Existió de hecho el señor Kurtz? Sí, se llamaba Georges Antoine Klein (en alemán klein significa pequeño y kurz: breve, corto). Al igual que el Kurtz, cuenta Vargas Llosa en la revista Letras Libres, "este Klein murió en el viaje de regreso a Kinshasa, y el capitán Ludwig Koch cayó también enfermo durante la travesía, de modo que Conrad acabó por tomar el mando del Roi des Belges".

¿Escribió Klein un informe de enorme belleza recomendando eliminar a los salvajes? Es probable aunque no se tiene copia de él. ¿Fue Klein el profeta de la muerte, de la decadencia de la modernidad, de la barbarie ineludible que alienta en la misma civilización? Ahí las cosas aparecen un tanto disueltas. Quizá lo fue tanto como el resto de hombres desencantados que parió el final del siglo XIX, como lo fue el mismo Conrad.

Carles Geli, en El Periódico de Catalunya, pinta un Conrad irónico que dijo que la historia real "fue llevada un poco (y solo un poco) más allá de la realidad". La realidad de una cultura occidental que amenazaba despeñarse en el abismo del asesinato, el caos, la egolatría, y sumirse en la tiniebla. Si hay algún parecido con el siglo XX y lo que va del XXI es la pura, deliberada, intención de Conrad.

Libre de la coyuntura secular, Kurtz -como el resto de los hombres- representa el sutil y angosto terreno en el que el poder se transforma en muerte. La selva (Conrad en el Congo: "Me arrepiento amargamente. Todo aquí me resulta repulsivo. Los hombres y las cosas, pero especialmente los hombres") es solo un pretexto. Conrad, como Kurtz, sintió el terrible aliento del mundo y vio el abismo.

En lugar de un informe, escribió una de los más bellos relatos de la historia.

Vita brevis

1857
Nació el 3 de diciembre en Berdichev, una pequeña población en la antigua Polonia, actual Ucrania.

1861
Su padre Apolo Konrad, escritor y traductor de Shakespeare al francés, es arrestado por la guardia rusa que tenía invadida a Polonia.

1865
Antes de cumplir los 9 años, muere su madre de tuberculosis. Cuatro años más tarde, también fallece su padre.

1878
A los 21 años, luego de un intento de suicidio es contratado en la flota real británica. Era marinero desde los 16.

1896
Se instala en tierra y empieza a escribir. Murió en 1924.

Fuente: El Comercio

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