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Ingeniero, ex diputado del Parlamento andaluz y ex ministro de Trabajo de José María Aznar, el hoy escritor y editor Manuel Pimentel vino a la Argentina a presentar un ensayo y una novela.

Manuel Pimentel: ''Un editor debe tener alma de poeta y entraña de empresario''


"He pasado por la política, sé de sus mieles y de sus hieles, pero ahora me he apartado para ser editor y escritor, y esto no quiere decir que cierre un camino", explica el sevillano Manuel Pimentel, quien fue miembro del Partido Popular, diputado en el parlamento andaluz y ministro de José María Aznar, y luego se ha volcado al mundo de los libros, creando las editoriales Almuzara y Berenice y escribiendo novelas y ensayos.

Pimentel visitó Buenos Aires para continuar su proyecto editorial distribuyendo su publicaciones en nuestro país, y presentar dos libros suyos, el "Manual del editor. Cómo funciona la moderna industria editorial" y la novela "El librero de la Atlántida".

Abogado, ingeniero, empresario, diputado, ministro de Trabajo de José María Aznar, editor, ensayista, novelista, ¿cómo ha hecho para sumar todas esas actividades?

Degenerando, degenerando se llega a eso (se ríe). Como ocurre en la vida, nunca he hecho muchas cosas a la vez. Fueron de una en una y no tengo la percepción de haber hecho mucho más. Veo mucho más camino por recorrer que el recorrido. Espero seguir aprendiendo y trabajando.

¿Cómo ingresa en el mundo de la literatura?

Como toda persona que ama los libros. Ya en la adolescencia, debido a todo lo que había leído, yo quería ser escritor. Pero luego fueron pasando los años, y estuvieron los estudios en la universidad, mis primeras empresas, la política. Seguía leyendo mucho. Y cada vez que seguía un nuevo libro iba a ver cuántos años tenía el escritor cuando escribió su primera novela. Leer lo que le había sucedido a Tenía me animó muchísimo, el había empezado con sus novelas a los 60 años. Yo mi primera novela. "Peña Laja", la publiqué a los 40. Acaso porque he sido lento de maduración y esperé tener cosas que decir.

¿En "El librero de la Atlántida" qué quiso decir?

Nace de dos ideas. Una, que la Humanidad por vez primera está siendo científicamente consciente de que está transformando el clima y de que influye poderosamente en el medio ambiente y que al hacer esto tiene dos sensaciones: una, que algo puede pasar, que la naturaleza puede aplicar la ley del equilibrio, que entremos en glaciación, y otra, que parece regresar con fuerza al símbolo de lo que fue la Atlántida, una civilización que existió y que desapareció por un zarpazo de los océanos. Y creo que de eso tenemos una memoria genética. La Atlántida es un mito, pero yo creo que existió. Y de esa catástrofe se salva...

Su tierra, Andalucía.

Andalucía y Buenos Aires se tienen que salvar, siempre se salvan.

¿Cuales fueron los temas de su anteriores novelas?

En "Peña Laja" uní paleontología con biotecnología para llegar a un estudio de nuestros ancestros a partir de las posibilidades que abren los últimos descubrimientos genéticos. En "Monteluz" traté el tema de la inmigración; "Puerta de Indias" y "La ruta de las caravanas" son novelas de fantasías, un poco de ciencia y aventuras históricas; busco que sean divertidas y con ritmo, pero que también lleven a la reflexión.

Con tantas tareas, ¿por qué escribe?

Porque me gusta y porque algo dentro me pide hacerlo. La literatura, el mundo de las ideas y emociones, tiene hoy mucha fuerza y la seguirá teniendo, a pesar de que algunos aseguren que ha muerto. La humanidad precisa de emociones, proyectos, ilusiones y las compra -en términos mercantiles- en el futuro.

¿Qué escritores le gustan?

Por sobre los autores, me gusta la literatura. No soy un lector fundamentalista, de esos que hacen culto de un autor y de una obra. Cada obra tiene su momento, así como uno puede gustar de un partido de fútbol y luego de un debate político. Yo, como muchos de mi generación, descubrí que amaba la literatura gracias a los escritores latinoamericanos. En el colegio leía novelas de aventuras, London, Salgari, pero un día leí "El Aleph" de Borges y descubrí que la literatura era más que una aventura, era un vértigo de transparente belleza. Luego sumé a Cortázar. Y hoy son mis tres pilares Borges, García Márquez y Vargas Llosa.

¿Con su "Manual del editor" se propuso enseñar a serlo?

Es para que se conozca el mundo editorial. Para ser editor hay particularidades que se pueden aprender, capacidades que se pueden adquirir y, como en todo, pesan también el talento y el olfato. El de publicar libros que impulsen a que el lector los compre es un arte difícil, extraño, una alquimia que depende de muchos factores, de casi cierta trasmigración espiritual. Traté de dar una herramienta de gestión a aquellas personas que aman los libros y que pretenden realizarlos. Los llevo de visita a la sala de máquinas del mundo editorial. Cómo funcionan, cómo producen, cómo fijan los precios, cómo distribuyen, cómo orientan al lector. Cuento tanto lo que he investigado como lo que he aprendido en la práctica.

¿Es cierto que "el mejor libro que escribe un editor es su catálogo"?

La obra de un editor es su catálogo, allí se descubre su identidad, su proyecto, su camino. Y también se ve la coyuntura en que publica. Feltrinelli, los primeros libros de Anagrama o Tusquets, por dar ejemplos, partían del compromiso ideológico de una época que cuando se diluye, cuando deja de creerse que se tiene la llave de la salvación del mundo, deja paso a la libertad de opinión.

¿Cómo ve el mundo editorial hispanoamericano luego de las grandes concentraciones realizadas por Planeta y Bertelsmann?

Los libros son habitantes del mundo del lenguaje, no hay fronteras para el mundo del libro. El mundo editorial en la república castellana del lenguaje tenía tres patas tradicionales: México, España y Argentina. En una etapa, el dominio de la Argentina fue fenomenal, tenían aquí la cultura y la vanguardia. Mucho aprendimos de aquí. ¿Qué pasó? Una suma de muchos factores, entre otros las crisis económicas que han padecido tanto Argentina como México. Sacudidas económicas que España no ha tenido.

¿Hay posibilidades para actores nuevos en el mundo editorial?

Iguales que en otro sector. La tendencia a la concentración es muy fuerte no sólo en el mundo del libro sino en cualquier actividad económica. Hay que pensar a nivel global. Hacen falta inversiones grandes, canales de distribución, y es muy difícil con los pequeños recursos de una pequeña editorial que cierren los números. Pero siempre hay lugar para un editor pequeño, independiente y creativo. En la República de la Lengua Española aún hay mas amplitud editorial que en la de lengua inglesa, francesa o alemana. Y las grandes editoriales dejan huecos que los pequeños editores podemos ocupar. Pienso que la Argentina, que es tierra de escritores y de editores, hay quienes sueñan con formar una editorial, y si bien no lo tienen fácil porque es un negocio de muy poco margen, se que hay nuevos sellos que están naciendo ahora.

¿Cómo cree que es un editor?

Una mezcla rara, alma de poeta y entraña de empresario. Tiene que amar el libro porque si no no se mete jamás en eso. Pero si no tiene algo de empresario, irá a la ruina. Es un negocio suicida en lo económico si no se logra esa combinación.

Por Máximo Soto

Fuente: Ambito Web

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