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Chatear con lo amigos y ver televisión parecen ser las entretenciones predilectas de los adolescentes. Sin embargo, los jóvenes que logran fascinarse con las historias de los libros tendrían mayores beneficios que un simple pasatiempos.

Los libros ayudan al crecimiento personal de los adolescentes


"Los libros son una oportunidad de encuentro, de discutir con los personajes, de generar un diálogo interno que ayuda a descubrir el mundo interior", dice Carolina Dell Oro, filósofa y directora de Paideia Consultores. Leer ayuda a los jóvenes a conocerse a sí mismos, aseguró la profesional en el seminario "Qué hacer para que los niños y jóvenes lean", organizado por Ediciones SM y Fundación Había una vez.

Sentirse identificado

"La lectura enfrenta a los adolescentes a grandes temas de la vida: la muerte, el dolor, la injusticia, la frustración, y les presenta realidades diferentes. Si el autor es bueno, llevará al joven a sufrir con otro, a padecer el dolor del protagonista, lo que lo ayudará a crecer".

Con ella coincide Cecilia Banz, psicóloga educacional de Valoras UC. "Los jóvenes tienen muchas dudas. Están ensayando cómo va a ser su vida adulta y hay muchas temáticas de su interés que se tratan en los libros. La buena literatura puede develar la psicología de los personajes, mostrar cómo se enfrentan a la vida, a los temas valóricos, y esos son elementos riquísimos. Además, para los adolescentes contrastar lo que les pasa a ellos con lo que les ocurre a otras personas, aunque sean personajes de una novela, es relevante".

Los libros que más sirven a este propósito no tienen por qué tener a un joven como protagonista. "Tiene que ser literatura significativa, es decir, que responda a lo más profundo del hombre y eso se ve en la literatura clásica", explica Dell Oro.

Con clásicos, eso sí, no se refiere sólo a libros de siglos pasados, sino que cualquiera que trate temas universales.

"Para las adolescentes, la temática afectiva es la más interesante. Para los jóvenes, las aventuras y las hazañas son importantes", explica el director de la escuela de Educación de la UDP, Renato Hevia.

Para motivar a los jóvenes a leer, los padres no deben presionarlos, dice Hevia, sino más bien intentar encantarlos con las historias. "Los papás deben dar el ejemplo. Si ellos no leen, es muy difícil que los hijos lo hagan", opina.

De la misma manera, explica, hay que conversar de los libros con entusiasmo e invitarlos a discutir sobre ellos, pero nunca hacerlos sentir que se trata de un interrogatorio.

"Hacer comentarios de las lecturas durante las comidas y que en la conversación sea habitual que salga una escena de un libro ayudará a motivar a los jóvenes", aconseja Dell Oro.

Otro forma de entusiasmarlos es recomendar la lectura por capítulos o párrafos, sobre todo cuando se trata de novelas más largas. Si el joven engancha con el tema, será él quien decida leerla completa.

"Además, hay que generar aburrimiento, espacios de ocio. Ante la ausencia de los panoramas sale la quietud, y ahí aumenta la motivación literaria", recalca Carolina Dell Oro.

Ahora, si el joven está recién partiendo con la literatura, empezar leyendo cómics o libros de cuentos cortos también es una buena alternativa.

Fuente: El Mercurio

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