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La técnica de la narrativa policial ha merecido consideraciones de varios autores, quienes destacan el auge logrado en Inglaterra, Irlanda y Estados Unidos de América.

Laberintos de la narrativa policial


Jorge Luis Borges, en su "Borges, oral" (1979), y Nieves Algaba, en sus "Cuentos policíacos" (2000), traen al recuerdo la memorable narración de Edgar Allan Poe titulada "Los asesinatos de la calle Morgue", que en 1841 constituyó el primer esbozo de cuento policial. Ello produjo un cambio notable en el panorama literario del siglo XIX, pues el gran público recibió con notable interés este nuevo género que integró con la novela la llamada "narrativa policial".

La nómina de los héroes y notables personajes dedicados a la investigación surgieron entonces: Charles Auguste Dupin, creación de Poe, traducido por Baudelaire, que mejoró su estilística; Sherlock Holmes, creado por Arthur Conan Doyle; el padre Brown, imaginado por Gilbert Keith Chesterton; y Hércules Poirot y Miss Marple, sugeridos por Agatha Christie.

Más adelante surgió el abogado Perry Mason, bosquejado por Erle Stanley; Arsenio Lupin, por Maurice Lebranc; Simón Templar "el Santo", por Leslie Charteris; y Pepe Carvalho, por Manuel Vásquez Montalván.

En 1927, Van Dine, para superar los laberintos de la novela policial, dio veinte reglas, de las que vale la pena recordar algunas:
1) La novela policial debe ser una especie de juego intelectual; 2) El lector y el detective deben tener iguales posibilidades para resolver el enigma; 3) No debe de haber ninguna intriga amorosa; 5) El culpable debe ser descubierto por auténticas deducciones; 6) Una novela policial sin cadáver no puede existir; 7) El culpable debe ser un personaje importante de la novela; 8) Debe haber un solo culpable al margen del número de asesinatos; 9) El autor debe abstenerse de escoger al culpable entre los profesionales del crimen; y 10) Lo que se presenta como un crimen no puede acabar como un accidente o un suicidio.

La técnica de la narrativa policial ha merecido consideraciones de varios autores, quienes destacan el auge logrado en Inglaterra, Irlanda y Estados Unidos de América.

M. Olivar, en el prólogo de la obra "Los mejores cuentistas de lengua inglesa", de dos tomos (Editorial Plus - Ultra/Madrid), menciona el auge de los géneros narrativos, especialmente las llamadas "short story", que no son privativas de la literatura anglosajona y deben cumplir ciertos requisitos básicos.

En primer lugar, debe contener "una intriga estructurada; el desarrollo completo de una acción, con un momento culminante, o crisis". Luego, debe ofrecer "una uniformidad de tono, tanto si este tono es patético o trágico". Además, como punto básico, debe tratarse de una historia breve, pues de lo contrario se convierte en "una criatura desmedidamente alargada, paticorta, ridícula".

Modelos de producciones de esta clase son los dos tomos de "Antología del crimen", de Elizabet Lee; dos tomos de "Los mejores cuentos policiales", de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares; y cuentos policiales de los argentinos Manuel Peyrou y Guillermo Walsh, y del brasileño Rubem Fonseca.

Por José Enrique Silva

Fuente: La Prensa Gráfica

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