Miércoles
28
Octubre
Occidentes

Es uno de los escritores argentinos contemporáneos con mayor lucidez y prestigio; juez de la Corte Suprema de Justicia de Jujuy. Habla de la literatura como herramienta de comunicación, su confeso agnosticismo, y su visión sobre la justicia y la equidad.

Tizón: ''Busco a Dios, pero sé que nunca lo encontraré''


¿Qué parámetros tiene en consideración a la hora de evaluar si un escritor es bueno o no?

No utilizo parámetros preestablecidos, utilizo el sentimiento, es decir, el grado de intensidad con que unas determinadas páginas o una obra literaria llegan hasta mí.

Hay escritores, antiguos o contemporáneos, que al comenzar a leerlos siento que no dicen nada, más allá de los méritos que pudieran tener desde el punto de vista literario; entonces me alejo de ellos.

En este sentido, no considero correcto hablar de "literatura latinoamericana", por ejemplo; me parecen vanos esos intentos de etiquetar o empaquetar las obras literarias, que sólo admiten ser clasificadas en buenas, soportables o malas.

¿Cuál es el valor que posee para usted el ejercicio del relato?

Cuando menciono en el prólogo de La mujer de Strasser que la narrativa no puede desobedecer leyes casi tan inexorables como las de la física, quiero decir que el arte de la narrativa, siendo posible de ser revolucionado, no es susceptible de un antojadizo manipuleo.

El famoso afán de (James) Joyce de crear una palabra de cien letras nos está demostrando que no podremos llegar a nada por el camino de lo impronunciable. Es indudable que Joyce buscaba como cometido imposible, porque siempre está más allá, la purificación de la lengua. Este empeño, para él, perseguía restaurar en su pureza el ser original del Verbo, envilecido por su uso literario al servicio de la comunicación. Así, para él el escritor sería una suerte de "Redentor del Verbo". Este cometido es inagotable, pero vale la pena intentarlo una y otra vez, aun sabiendo que siempre nos esperará el fracaso.

Pero, la literatura es una herramienta de comunicación y, apelando a una jerga enigmática, no podré comunicar nada que no sea mi propia frustración. Si la literatura no sirve para dar cuenta del hombre y de su destino, no servirá para nada. La literatura, la narrativa de ficción, enriquece lo banal, lo transfigura.

Usted ha manifestado el peligro de subyugar lo emocional a lo intelectual. ¿En el proceso de creación debería ser al revés?

San Buenaventura decía de la palabra que en ella el acto se agregaba al pensamiento. La vocación del escritor respondería a la exigencia de simbolizar cierto tipo de experiencia subjetiva que podría calificarse como mística laica. Valga la expresión aparentemente contradictoria.

Suele hablar de Yala como su Ítaca, y el viaje y la búsqueda son figuras recurrentes en su obra, ¿puede leerse su agnosticismo como un proceso de búsqueda antes que como una postura de negación?

El viaje y la búsqueda, que vienen a ser lo mismo, son las metáforas obvias de la vida.

Mi agnosticismo proviene de mi orfandad de poder conocer lo absoluto a través de mi entendimiento. Por supuesto, busco a Dios, sabiendo que nunca lo encontraré.

¿Cree en la consagración de un escritor?

No. Afortunadamente no existen olimpíadas literarias. Las consagraciones las hace el tiempo, y tampoco para siempre.

El verdadero escritor no espera la gloria ni las riquezas que le depararía su obra, sino algo más profundo que eso. Esto es lo que (Sigmund) Freud llamó "satisfacción enigmática" o sublimación.

Partiendo de una apreciación suya, en la que sostiene que tanto Sócrates como Jesús, tras haber intentado modificar la condición espiritual de los hombres, fueron condenados injustamente, ¿puede pensarse el mundo como un lugar inevitablemente injusto?

Ni el hombre nace bueno, ni el mundo es justo de por sí. Ser buenos, o al menos mejores, y combatir las injusticias del mundo es el deber de todos, aunque sepamos o creamos que el cometido nos supere.

¿Cree que en la Argentina de hoy la Justicia reflexiona más sobre lo legal que sobre lo justo?

Siempre he creído que por encima de la ley están la piedad, la compasión y la equidad.

Sin estos tres ingredientes, la ley y la justicia corren el peligro de convertirse en el discurso automático de un idiota.

Agradecimiento: Darío Maroño

Por Belén Iannuzzi

Fuente: InfoBae

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