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Secreta Buenos Aires inmortalizadas en letras del 2x4, las incorporaron al Código de habilitaciones hace 40 años. Una ley ya no permite emplearlas.

Coperas: su historia según el tango


Fue hace cuatro días. Y sobre 60 votos, 41 estuvieron a favor. Ocurrió en la Legislatura porteña y con esos votos se aprobó un proyecto para derogar la figura de las "alternadoras" en los denominados locales de baile Clase A y en bares y whiskerías de la Ciudad. Según los legisladores, eso facilitaba la trata de personas. La traducción: tener a mujeres trabajando en esos lugares y como esclavas. De acuerdo con lo que se informó ahora, este tipo de trabajo se había incorporado al Código de Habilitaciones hace 40 años. Pero la historia tiene muchas referencias donde consta que esa "tradición" se mantiene en Buenos Aires desde hace más de un siglo. Y la mayor prueba está reflejada en la música más simbólica de la Ciudad: el tango.

Muchos creen que la llegada de inmigrantes (en su mayoría hombres solos que venían como avanzada de sus familias) favoreció el desarrollo de esa actividad. Y citan como ejemplo que, en 1914 el 30 % de la población era extranjera y que, entre 1870 y 1929 llegaron al país unos 6 millones de inmigrantes y más de la mitad se quedaron definitivamente. Justamente en las tres primeras décadas del siglo XX es donde los autores de tango muestran en sus composiciones esa vida de las "coperas" que trabajaban en los cabarets, lujosos y no tanto. Es que muchos hacían honor al significado de la palabra cabaret, que en francés equivale a taberna.

Como su nombre lo afirma, las "coperas" eran mujeres que estaban contratadas en los locales para "alternar" con los clientes, bailar algunas piezas y lograr que consumieran copas. La leyenda dice que mientras ellos tomaban whisky, a las chicas les servían té frío, que se facturaba como la bebida alcohólica. Para otros servicios, las chicas recién podían salir del local cuando cerraba, a las 3 o 4 de la madrugada. En Acquaforte (tango de 1932) se muestra ese paisaje: "Es medianoche y el cabaret despierta / muchas mujeres, flores y champán / va a comenzar la eterna y triste fiesta / de lo que viven al ritmo de un gotán". Aquel escenario también incluía el trabajo de la encargada de atender el baño de damas o el guardarropas (casi siempre una "alternadora" ya jubilada, a quien las activas llamaban "mamita") y a la vendedora de flores (el tema La violetera, de 1926, es la referencia exacta de aquello).

Estas historias de "chicas mal de casas bien, con otras chicas bien de casas mal" (Pucherito de gallina, tango de la década de los 50) tienen muchas obras que las evocan: Flor de fango (1919), Esthercita o Milonguita (1920), Margot (1921), Zorro gris (1921), Mano a mano (1923), Alma de loca (1927) o Un tropezón (1927). Esta última habla de aquel hombre que fue "un otario para esos vivos, pobres donjuanes de cabaret" que quiso a una copera "para su altar" pero ella volvió a la noche porque, según el autor, "la cabra al monte tira". Claro que no es el tango más dramático. Hay uno, de 1926, titulado Anoche a las 2, donde una "mujer de la calle" recibe un balazo en un brazo al salir del cabaret y, cuando llega la Policía, dice que fue un cliente y el "caballero" que está allí "hizo huir al cobarde". Pero la realidad es que fue ese hombre quien la hirió porque mientras él "trabajaba de noche en la imprenta", ella lo engañaba yendo al cabaret.

Con sus "coperas" incluidas, la lista de cabarets famosos que hubo en Buenos Aires es numerosa. Allí aparecen Royal Pigalle, Marabú, Casanova, Novelty, Chantecler, Lucerna, Bambú, Tibidabo o los de la zona del Bajo, que tenían menos categoría, aunque sus nombres buscaban ser "cautivantes". En ese circuito estaban locales como Derby, Ocean Dancing, Royal, Cielo de California o Montmartre.

Algunos sobrevivieron hasta la década de 1970. En ese tiempo todavía algunas "alternadoras" se animaban a asomarse a la puerta para atraer clientes, inclusive de día. Y en este siglo XXI los hay, pero con otra estética y eso es lo que motivó la ley aprobada la semana pasada. De todas maneras, ninguno de esos locales (los de antes y los de ahora) lucía en su puerta de entrada un ramo de flores como los que tenían aquellas tabernas de la Edad Media donde trabajaban las "coperas" de entonces. Dicen que aquel ramo que identificaba a boliches relacionados con los burdeles fue el que dio origen a la palabra ramera, sinónimo de prostituta. Pero esa es otra historia.

 

Fuente: Clarín

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