Miércoles
19
Septiembre
Occidentes

Silvina Pérez Lucena forma parte del grupo Mandrágora y dicta talleres literarios desde los 15 años. Coordina proyectos para chicos en situación de riesgo del hogar Eva Perón y en el comedor Don Bosco, y para los ancianos del geriátrico San Alberto.

''Los chicos no leen si nadie les propone las herramientas''


"¿A quién no le gusta que le cuenten un cuento?". Silvina Pérez Lucena ahuyenta fantasmas con la mano cuando dice que no hay edad para enamorarse de la literatura y que, en el caso de los chicos en situación de riesgo, este amor ayuda a trepar los muros que imponen la pobreza y la institucionalización, y sirve como disparador para acceder a otros mundos. Pérez Lucena tiene 22 años, dicta talleres en el grupo creativo Mandrágora desde los 15, y desde hace dos es coordinadora de los proyectos del grupo.

¿Qué es Mandrágora?
Es un grupo creativo. Lo dirigen Rossana Nofal y Ana García Guerrero, pero el equipo está integrado por más de 15 personas. Nuestro trabajo se hace a partir de la literatura, desde el libro (el objeto-libro), e incorporamos teatro, plástica, música... para abrir las puertas a otros mundos, tanto en talleres privados como en los que damos a los chicos del hogar Eva Perón o a los del comedor Don Bosco, como a los ancianos del geriátrico San Alberto.

¿Cómo se hace para instalar la literatura a instituciones como el hogar Eva Perón (que aloja a chicos de 6 a 12 años, por razones asistenciales)?
Es difícil. Son chicos en situaciones de riesgo, abandonados, y uno llega asustado porque no sabe con qué se va a encontrar. El taller es distinto que el aula. Es un espacio en construcción. Está todo por hacer, siempre hay cosas nuevas para crear. Hacemos una programación muy detallada de nuestro trabajo, pero lo vamos modificando de acuerdo a lo que plantean los chicos. Ese es el privilegio del tallerista: asombrarse cada vez que uno va.

¿Cómo trabajan?
Proponemos libros, autores que seleccionamos con mucho cuidado. Por ejemplo, ahora estamos leyendo a Gustavo Roldán, un autor chaqueño. Sus cuentos hablan de animales del monte chaqueño, son personajes que los chicos aprenden a conocer; que el sapo es la palabra autorizada y que siempre se pelea con la lechuza, o que el piojo vive en la cabeza del ñandú. Y cuando llegamos al taller del comedor Don Bosco, por ejemplo, los chicos nos ven sacar el libro y urgente empiezan a decir "¡los monitos, el yacaré, el sapo!". Aunque no sepan leer. Otro de nuestros favoritos es Luis María Pescetti, aunque es un autor muy criticado en las instituciones. Pero los chicos se desesperan por escucharlo, les encanta, se matan de risa y piden que les leamos los cuentos una y otra vez.

¿Qué produce este tipo de trabajo en los chicos en situación de riesgo?
El privilegio que da la literatura es el de convivir con dos mundos, el simbólico y el real. Abre las puertas a otros mundos, aunque no cambie su realidad. Para los chicos que están en situación de riesgo, que han perdido la capacidad de jugar, es una posibilidad de divertirse, pero también de enfrentarse al mundo simbólico, de entrar y salir de la ficción con sólo abrir o cerrar el libro.

¿Se notan cambios al cabo de un tiempo?
Los chicos adquieren otra manera de mirar su realidad, y eso es muy gratificante. Hemos llegado a lugares con mucha violencia pero donde, después de un tiempo, se notaba otra actitud, otra mirada. Se acuerdan de los personajes, de las historias, aprenden a pensar y a hablar... Y en el caso de los que están institucionalizados, pueden pensar en otro mundo, distinto del que viven. Cambian y crecen, encuentran la posibilidad de divertirse y de jugar como chicos, algo que no pudieron hacer nunca.

¿Esa realidad se repite en los talleres privados?
En ese caso, los chicos pueden acceder a bienes culturales, pero si no tienen un mediador que les abra las puertas del libro... Para ello es fundamental que el mediador tenga una buena formación. El manejo de grupos se aprende con la práctica, pero la formación es muy importante, y yo encontré esas herramientas en Mandrágora y en mis docentes de la Escuela Sarmiento.

Si es posible divertirse con la literatura... ¿por qué las maestras y los padres se quejan de que los chicos no leen?
Los chicos en situación de riesgo no leen porque no tienen quién les lea, porque no tienen acceso a un libro, porque apenas van a la escuela. No leen en la escuelas si la maestra no lee, y en la casa pasa lo mismo si los padres no agarran un libro. Es mentira que no les interesa. Los chicos no leen si nadie les propone las herramientas.

Fuente: La Gaceta

Noticias de Literatura
Servicios de Literatura finalizadas
Servicios de Literatura finalizadas
Escuchá Radio De Tango
Novedades de Literatura
Sobre lenguaje inclusivo, política y contradicciones
En esta nota, el escritor español habla sobre la degradación social del lenguaje que, sumado a la manipulación política, pretende cambiar reglas que llevaron siglos construir y adaptar para que una misma lengua pueda ser hablada, leída y comprendida durante distintas generaciones.
El escritor latinoamericano más traducido al mandarín
La tremenda aceptación de los libros de Jorge Luis Borges en China. En total hay 115 libros de argentinos traducidos a ese idioma.
La radio del norte

Seguinos

Twitter Facebook
Radio La Quebrada Radio de Tango Indexarte EscribirteOccidentesEscuchanos
©2010-2018 | www.occidentes.com.ar | Todos los derechos reservados | Diseño Web